Lourdes López, nieta de Eradio López, ‘el médico de los pobres’ asesinado en 1936: «El día que aparezcan sus zapatos, la historia de nuestra familia cambiará para siempre»

Fuente: elaltojalon.es
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El barranco de Cortasogas vuelve a ser estos días escenario de una búsqueda que comenzó hace décadas y que todavía no ha terminado. A apenas unos kilómetros de Calatayud, arqueólogos, familiares y miembros de la Asociación de Memoria Democrática de Calatayud y Comarca trabajan desde comienzos de esta semana en el tercer intento por localizar una fosa relacionada con los asesinatos cometidos allí en agosto de 1936. Las campañas anteriores, realizadas en 2022 y 2023, no pudieron entrar directamente en el cauce porque los permisos de la Confederación Hidrográfica del Ebro no llegaron a tiempo, pero esta vez la autorización sí permite trabajar precisamente en el lugar al que apuntan desde hace años los principales testimonios.

Julia Olivas, presidenta de la asociación, ha explicado este jueves en Buenos Días Alto Jalón que las excavaciones continúan avanzando con «mucha incertidumbre y muchísima esperanza». Los arqueólogos están realizando catas y zanjas de hasta unos dos metros de profundidad para recorrer de forma sistemática un terreno que ha cambiado considerablemente durante estas nueve décadas. De momento no han aparecido restos humanos, pero Olivas insiste en que todavía queda trabajo por delante y en que, incluso si esta campaña no terminara con el hallazgo esperado, cada dato recogido servirá para continuar buscando en el futuro.

Un paisaje que ya no es el mismo que en 1936

Una de las dificultades está precisamente en reconstruir cómo era Cortasogas hace noventa años. Los aluviones y los depósitos propios de un barranco han ido cubriendo poco a poco aquel terreno y alterando las referencias que conservaron las familias. Olivas ha recordado que existen fotografías de 1974 en las que se aprecia con claridad una piedra donde uno de los hijos de Eradio dejó inscrito el nombre de su padre; hoy, sin embargo, apenas sobresale una losa porque el terreno ha ido creciendo alrededor de ella.

Por eso el trabajo avanza de manera muy metódica. Las máquinas retiran la tierra con una cuchara estrecha mientras los arqueólogos observan cualquier indicio que pueda cambiar el ritmo de la excavación: un pequeño hueso, una moneda, una pieza metálica o cualquier objeto que permita localizar un punto concreto. Si apareciera alguna señal compatible con un enterramiento, la intervención pasaría inmediatamente a una excavación mucho más lenta y manual.

Ese proceso técnico tiene, además, una dimensión humana difícil de separar del trabajo arqueológico. Julia Olivas lo ha reconocido durante la entrevista y ha preferido que fuera una familiar directa quien explicara cómo se vive cada movimiento de tierra. A su lado estaban Lourdes López Canosa y su hermana, dos nietas de Eradio que han viajado desde Barcelona y han pedido días de vacaciones para acompañar durante toda la semana a los arqueólogos.

El médico al que Calatayud conocía como «el médico de los pobres»

Eradio López Tapero ejercía como médico de la Azucarera de Calatayud y dejó en la ciudad un recuerdo muy ligado a su forma de ejercer la profesión. Lourdes ha explicado que era conocido como «el médico de los pobres» porque atendía a personas sin recursos y, cuando no podían comprar medicamentos, llegaba a dejarles dinero bajo la almohada o a adquirir él mismo las medicinas que necesitaban. La investigación histórica recogida por Nacho Moreno en La ciudad silenciada sitúa también a Eradio como vicepresidente de la Agrupación Socialista de Calatayud en 1933.

Ese recuerdo familiar es el que explica, según Lourdes, por qué siguen buscándolo noventa años después. Durante la entrevista se ha emocionado al recordar que recuperar los restos no significaría solamente devolverlos a Calatayud, sino entregárselos simbólicamente a su padre, que murió sin haber podido encontrar nunca el cuerpo del suyo. «Se merece que estemos buscándolo, porque hay que recuperar su memoria y poder devolverlo a mi padre», ha explicado.

La historia de la familia quedó marcada desde el mismo momento del asesinato. Cuando Eradio murió, su mujer tenía tres hijos de siete, cinco y tres años. Lourdes ha relatado que la viuda intentó reclamar el cuerpo de su marido y recibió una amenaza relacionada con su hijo varón, por lo que abandonó Calatayud con los tres niños y terminó instalándose posteriormente en Barcelona junto a otros familiares.

Un hijo que creció sin saber qué había ocurrido

Durante muchos años, el hijo de Eradio no conoció la verdad sobre la muerte de su padre. Su madre permitía que las dos niñas regresaran a Calatayud durante los veranos, pero él no podía hacerlo, y acabó interpretando aquella situación como una muestra de rechazo por parte de su propia familia. Ya con 24 años, durante su viaje de novios, decidió regresar a la ciudad y comenzó a percibir comportamientos que no entendía: personas que abandonaban una cafetería cuando él entraba, cuchicheos en la calle y un silencio general que nadie terminaba de explicarle.

Lourdes ha contado que tuvieron que pasar todavía años de insistencia hasta que la familia decidió contarle lo ocurrido. Finalmente, dos hombres contactaron con él desde Calatayud, le hicieron regresar y lo llevaron hasta Cortasogas. Allí le explicaron que su padre había sido trasladado junto a Germán Baquedano y Serafín Gracia y que los tres habían sido asesinados en el barranco el 11 de agosto de 1936. Según aquel testimonio, unos pastores terminaron cubriendo posteriormente los cuerpos. 

Aquel hijo volvió entonces al barranco y protagonizó uno de los episodios que mejor resumen la ausencia que arrastraba la familia. Llenó una pequeña caja de caudales con tierra de Cortasogas y la enterró en el cementerio de Calatayud como si fuera el cuerpo de su padre. En ese mismo espacio descansan hoy también sus propios restos, de modo que el objetivo de Lourdes y su hermana es muy concreto: sustituir algún día aquella caja de tierra por los restos de Eradio.

Los zapatos que pueden cerrar una historia familiar

La imagen más emocionante de la entrevista ha llegado cuando Lourdes ha explicado qué significaría para ella que la excavación encontrara finalmente a su abuelo. Uno de los testimonios históricos sobre el asesinato señalaba que Eradio pudo ser reconocido por sus zapatos, un detalle que se ha convertido con el paso de los años en una referencia muy presente para su familia.

Lourdes ha explicado que lleva tiempo imaginando el momento en el que la excavadora retire una capa de tierra y aparezcan precisamente esos zapatos. «En el momento que aparezcan esos zapatos, la historia de la familia cambiará radicalmente», ha señalado, convencida de que ese hallazgo permitiría cerrar un círculo emocional que su padre no llegó a ver completado. Para ella, encontrar los restos sería «lo más emocionante» que podría vivir.

No es únicamente Eradio quien está detrás de esta búsqueda. La documentación disponible señala que junto a él fueron asesinados Germán Baquedano, abogado, profesor de piano y militante socialista que enseñaba a leer y escribir gratuitamente a personas adultas, y Serafín Gracia, sacerdote de Aldehuela de Grío, de ideas republicanas, aficionado a la botánica y relacionado epistolarmente con Manuel Azaña. Las investigaciones apuntan además a la posible existencia de una segunda fosa en Cortasogas con otras víctimas asesinadas pocos días después, aunque la composición exacta de ese enterramiento sigue sin estar determinada.

«Esto ya no es una guerra política, es una lucha de derechos humanos»

Lourdes ha querido alejar expresamente la búsqueda de cualquier idea de revancha. Ha explicado que para su generación el objetivo ya no tiene que ver con reproducir las divisiones políticas de hace noventa años, sino con recuperar a una persona desaparecida y reconocer el derecho de una familia a saber dónde están sus restos. «Esto ya no es una guerra política, esto es una lucha de derechos humanos y de reconocimiento», ha afirmado.

Su deseo final vuelve, inevitablemente, hacia su padre. Lo que quiere, ha contado, es poder mirar algún día al horizonte y decirle que la búsqueda ha terminado: «Papá, lo hemos conseguido. Hemos encontrado a tu padre y lo llevamos para que descanse contigo». Esa frase resume quizá mejor que cualquier explicación administrativa el sentido de unas excavaciones que llevan detrás permisos, arqueólogos, expedientes y financiación, pero cuyo objetivo último es mucho más sencillo: que una familia pueda terminar un duelo abierto desde 1936.

La campaña cuenta estos días con el apoyo institucional de la Dirección General de Atención a las Víctimas y de la Subdelegación del Gobierno en Zaragoza. Julia Olivas ha destacado especialmente ese respaldo porque trabajos de esta complejidad resultan inasumibles para las familias por sí solas y porque, si esta vez tampoco aparecen los restos, será necesario seguir investigando y buscar nuevas vías para continuar.

Noventa años después, Cortasogas sigue guardando muchas preguntas bajo tierra. Lourdes y su hermana permanecen esta semana junto a las zanjas, acompañando a quienes excavan y esperando que algún pequeño objeto cambie de repente el sentido de toda la búsqueda. Durante décadas su familia solo pudo llevarse de aquel barranco una caja llena de tierra; ahora espera poder regresar algún día en dirección contraria, con los restos de Eradio camino del cementerio de Calatayud y, quizá antes que nada, con unos zapatos que permitan saber que por fin lo han encontrado.