Fuente: elaltojalon.es
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Noventa años después, la búsqueda continúa en el cauce del barranco de Cortasogas. Esta vez no se está excavando al azar: las investigaciones históricas, los testimonios orales recopilados durante años y la información oficial disponible apuntan hacia este punto como posible lugar de ejecución y enterramiento clandestino de varias víctimas de la represión posterior al golpe de Estado de 1936.
La actuación está promovida por la Asociación de Memoria Democrática de Calatayud y Comarca (AMEDECC) y ha sido posible gracias a una ayuda de 12.000 euros de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática.
Hijosa y Herrero han recorrido este jueves la zona para conocer directamente la evolución de unos trabajos que comenzaron el lunes y que suponen el tercer intento arqueológico de encontrar la fosa, después de que las campañas desarrolladas en 2022 y 2023 no lograran localizar los restos.
¿A quién buscan en Cortasogas?
La documentación disponible sitúa en este barranco los restos de al menos ocho personas asesinadas en dos sacas diferentes a mediados de agosto de 1936.
El lugar no figura únicamente en testimonios familiares o investigaciones particulares. Está incorporado a la Carta Arqueológica de Aragón con el código 1-ARQ-ZAR-020-067-117 y aparece también en el mapa estatal de fosas como Fosa 599/2009 ZARA. El registro la relaciona con ejecuciones extrajudiciales y estima un mínimo de ocho víctimas.
De cuatro de ellas existe una identificación documental especialmente clara:
Eradio López Táppero, médico; Germán Baquedano Barra, abogado; Serafín Gracia Jimeno, sacerdote; y Eugenio Castillo Ibarra, vinculado al movimiento sindical.
Según la documentación recopilada en torno a la fosa, López Táppero, Baquedano y Gracia fueron asesinados el 11 de agosto de 1936. Eugenio Castillo fue detenido cuatro días más tarde junto a otras cuatro personas, que también habrían sido asesinadas y enterradas en la zona.
Un médico, un abogado, un sacerdote y un sindicalista
Detrás de esos nombres hay historias que ayudan a comprender que Cortasogas no es únicamente una excavación arqueológica.
Eradio López Táppero ejercía como médico en la Azucarera de Calatayud y era conocido como “el médico de los pobres” por atender también a personas sin recursos. La documentación lo sitúa además como vicepresidente de la Agrupación Socialista de Calatayud en 1933.
Germán Baquedano Barra era abogado y secretario de la Agrupación Socialista bilbilitana. Las investigaciones recogidas sobre su figura señalan que enseñaba gratuitamente a leer y escribir en su domicilio a personas que no habían podido acceder a esa formación.
Serafín Gracia Jimeno era sacerdote en Aldehuela de Grío, perteneciente a Santa Cruz de Grío. Las fuentes históricas consultadas sobre su trayectoria señalan que mantuvo posiciones próximas a trabajadores y personas desfavorecidas y críticas con el caciquismo, circunstancias que le habían generado dificultades con la propia jerarquía eclesiástica.
El cuarto nombre conocido es Eugenio Castillo Ibarra, relacionado con el sindicalismo y detenido el 15 de agosto antes de ser asesinado.
Esta vez se excava en el propio cauce del barranco
La principal diferencia respecto a los dos intentos anteriores está precisamente en el lugar elegido.
En 2022 comenzaron las primeras investigaciones sobre el terreno, utilizando incluso georradar para tratar de identificar anomalías que pudieran corresponderse con enterramientos. Después se realizaron sondeos arqueológicos, pero los cuerpos no aparecieron.
En noviembre de 2023 se llevó a cabo una segunda campaña, ampliando las zonas investigadas, nuevamente sin resultados positivos.
La tercera fase se ha desplazado ahora al propio cauce de Cortasogas, donde las fuentes orales y la investigación documental sitúan tanto los asesinatos como la posterior sepultura clandestina.
Según la información publicada al comienzo de los trabajos, el equipo arqueológico está realizando una zanja en el lecho del barranco dentro de una superficie de investigación cercana a los 1.000 metros cuadrados.
“Las familias llevan muchísimos años esperando”
Durante su visita, Zoraida Hijosa ha puesto precisamente el acento en quienes esperan al otro lado de la excavación. “Llevan las familias muchísimos años esperando a encontrarles”, ha señalado la directora general, que ha recordado que ya se realizaron campañas anteriores y ha expresado la esperanza de que este nuevo intento consiga finalmente localizar a las ocho personas que se buscan.
En Cortasogas han estado este jueves varios familiares de las víctimas.
Hijosa ha hablado de descendientes que continúan buscando a abuelos y padres, reflejo de una espera que ya ha atravesado varias generaciones. Algunas familias han seguido personalmente las diferentes fases de búsqueda desarrolladas durante estos últimos años.
La recuperación de los restos permitiría abrir posteriormente otra fase fundamental: la identificación y, siempre que sea posible, su devolución a los familiares para que puedan decidir dónde darles sepultura.
El ADN, el siguiente paso si aparecen restos
La visita ha servido también para abordar precisamente las posibilidades de identificación mediante análisis de ADN.
Hijosa ha explicado a las familias los contratos impulsados desde la Dirección General de Atención a las Víctimas para efectuar estudios genéticos de restos recuperados en diferentes actuaciones de memoria democrática.
Entre ellos figura el contrato para analizar restos de víctimas procedentes de Cuelgamuros, el antiguo Valle de los Caídos. Esta cuestión también tiene conexión directa con Calatayud: el Ministerio había confirmado meses atrás que entre las decenas de miles de personas trasladadas al recinto existen vecinos de esta zona y que algunas de sus cajas han podido ser localizadas en la capilla del Santo Sepulcro.
Los análisis genéticos resultan esenciales porque localizar una fosa es solo el comienzo. Después deben estudiarse los restos antropológicamente y, cuando existen muestras familiares adecuadas, tratar de establecer mediante ADN a quién pertenece cada cuerpo.
Una asociación nacida para acompañar a las familias
AMEDECC se presentó públicamente en Calatayud el pasado febrero, aunque nació en 2025 precisamente de la necesidad de varias familias de organizarse para avanzar en la recuperación de sus allegados.
Entre sus objetivos se encuentran investigar fuentes documentales y testimonios orales, asesorar a las familias, tramitar actuaciones para localizar y exhumar desaparecidos y trabajar posteriormente en su identificación.
Cortasogas se convirtió desde el primer momento en una de sus principales prioridades.
Cuando la asociación se presentó públicamente todavía se hablaba, a partir de algunas investigaciones previas, de un mínimo de cuatro víctimas. La documentación actualmente manejada y la ficha oficial de la fosa elevan esa cifra a al menos ocho personas, que son las que busca la campaña que se desarrolla esta semana.
Un entorno con alrededor de 600 víctimas documentadas
La historia de Cortasogas forma parte de un fenómeno represivo mucho más amplio.
El Ministerio señalaba durante la presentación de AMEDECC que en Calatayud y su entorno existen alrededor de 600 víctimas documentadas vinculadas a la represión.
Por eso, encontrar esta fosa tendría una importancia que va más allá de las ocho personas que se buscan en ella. Su localización permitiría cerrar uno de los expedientes abiertos desde hace décadas, recuperar restos humanos y aportar nuevas respuestas a unas familias que durante generaciones han sabido o sospechado dónde fueron asesinados sus allegados, pero nunca han podido enterrarlos.
Las máquinas y los arqueólogos trabajan estos días sobre unos pocos metros del barranco de Cortasogas. Bajo esa tierra se intenta resolver una pregunta que algunas familias de Calatayud llevan noventa años haciéndose: dónde están sus muertos.