Cortasogas vuelve a abrir la tierra 90 años después para buscar a los fusilados que Calatayud todavía no ha podido recuperar

Fuente: elaltojalon.es
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El barranco de Cortasogas, en el término municipal de Calatayud, ha vuelto a ser excavado este lunes 31 de agosto con un objetivo que permanece pendiente desde hace noventa años: localizar la fosa en la que fueron enterradas varias personas asesinadas por los sublevados durante las primeras semanas de la Guerra Civil. La nueva intervención es la tercera que se realiza en este paraje, pero presenta una diferencia importante respecto a las anteriores: por primera vez la búsqueda se centra directamente en el cauce del barranco, el lugar hacia el que apuntan las investigaciones históricas y los testimonios orales. 

En el inicio de los trabajos han estado presentes la presidenta de la Asociación de Memoria Democrática de Calatayud y Comarca (AMEDECC), Julia Olivas; el diputado nacional socialista por Zaragoza Víctor Ruiz de Diego; y el activista memorialista Antonio Maestro, junto a familiares de los desaparecidos a los que se espera encontrar, siguiendo sobre el terreno el comienzo de una actuación largamente esperada por las familias y por quienes durante años han tratado de reconstruir lo ocurrido en Cortasogas.

Una fosa que el Estado sitúa en Cortasogas

No se trata únicamente de una tradición oral. El Mapa de Fosas del Gobierno de España recoge oficialmente la denominada fosa del barranco de Cortasogas como un enterramiento vinculado a ejecuciones extrajudiciales, situado fuera de cementerio y todavía pendiente de intervención efectiva. La ficha estatal señala que a mediados de agosto de 1936 fueron asesinadas allí al menos ocho personas en dos sacas diferentes.  

De algunas se conoce además la identidad. Entre los nombres que aparecen documentados se encuentran el médico Eradio López Tappero, el abogado Germán Baquedano Barra, el sacerdote Serafín Gracia Jimeno y Eugenio Castillo Ibarra.

Las investigaciones desarrolladas durante años, especialmente a partir del trabajo del investigador Nacho Moreno y de los testimonios conservados por familiares y vecinos, han permitido reconstruir parte de lo que ocurrió en este enclave situado en las proximidades de Torres, junto al antiguo trazado de la carretera hacia Miedes.

El reto continúa siendo averiguar dónde fueron enterrados exactamente los cuerpos.

Esta vez se busca dentro del propio barranco

Dos intentos anteriores que terminaron sin encontrar la fosa

La búsqueda moderna de Cortasogas comenzó en 2022, después de años de trabajo de familiares, investigadores y asociaciones memorialistas.

En aquella primera campaña se utilizó georradar para localizar posibles alteraciones del subsuelo. Posteriormente se abrieron cuatro grandes sondeos en los puntos considerados más prometedores. Las excavaciones permitieron descartar esas zonas, pero no localizaron restos humanos.

La investigación continuó en noviembre de 2023. El equipo regresó al barranco para comprobar otras cinco anomalías detectadas anteriormente. Una de las primeras zanjas alcanzó unos once metros de longitud y más de 1,70 metros de profundidad, pero nuevamente la tierra no ofreció indicios de la fosa buscada.

Aquella segunda campaña volvió a terminar sin resultados positivos.

Lejos de cerrar la investigación, los arqueólogos insistieron en una posibilidad que ya aparecía entonces en los testimonios: quizá se estaba buscando junto al barranco cuando había que buscar dentro de él.

El cauce, la pieza que quedaba por comprobar

Excavar directamente en un barranco resulta además más complejo que hacerlo en una finca agrícola. El paso del agua durante nueve décadas ha podido modificar el terreno, arrastrar sedimentos y alterar completamente la apariencia que tenía el lugar en 1936.

También fue necesario resolver cuestiones administrativas porque el cauce pertenece al dominio público hidráulico y cualquier actuación necesita las correspondientes autorizaciones.

Precisamente por eso la búsqueda dentro del barranco había quedado pendiente durante las campañas anteriores. Ahora, superada la tramitación y con financiación estatal, ese punto que durante años permaneció como una de las grandes incógnitas es el que comienza a investigarse. 

Eradio López Tappero, Germán Baquedano, Serafín Gracia y Eugenio Castillo

Detrás de cada nombre existe además una historia que durante décadas permaneció en las familias.

Uno de los casos más conocidos es el del médico Eradio López Tappero, recordado en Calatayud como una persona que atendía también a quienes no podían pagarle. Su familia trató durante años de localizar sus restos. En Cortasogas llegó a quedar colocada una piedra con una inscripción que recordaba su nombre y la fecha de su muerte, 11 de agosto de 1936.  

Junto a él se busca al abogado Germán Baquedano Barra, al sacerdote Serafín Gracia Jimeno y a Eugenio Castillo Ibarra, además de otras víctimas cuya identidad completa todavía no ha podido determinarse con la misma certeza.

El mapa estatal habla de dos grupos de personas conducidas hasta Cortasogas y asesinadas en fechas próximas a mediados de agosto de 1936.

Noventa años después, la pregunta sigue siendo la misma: dónde quedaron sus cuerpos.

Una nueva asociación recoge el testigo de años de trabajo

La campaña tiene también un protagonista nuevo. La Asociación de Memoria Democrática de Calatayud y Comarca, presidida por Julia Olivas, se presentó oficialmente el pasado febrero con la localización de Cortasogas como uno de sus primeros grandes objetivos.

La entidad nació para acompañar a las familias, investigar documentación y testimonios, facilitar los trámites de búsqueda e identificación y mantener viva la memoria de las personas represaliadas en Calatayud y su comarca. En su presentación, el Ministerio confirmó que trabajaba ya para financiar esta tercera intervención. 

AMEDECC recoge en buena medida el trabajo desarrollado anteriormente por ARICO y por su fallecido presidente, Miguel Ángel Capapé, una de las personas que impulsaron durante años las investigaciones y exhumaciones relacionadas con la represión franquista en Aragón.  

Encontrarlos para devolverlos a sus familias

El objetivo final no es únicamente demostrar que allí existió una fosa. Si los trabajos encuentran restos humanos, comenzará otra fase: exhumarlos, estudiarlos e intentar identificarlos mediante análisis antropológicos y genéticos para que, cuando sea posible, puedan ser entregados a sus familias.

Eso es lo que explica que una pequeña excavación en un barranco situado a varios kilómetros de Calatayud tenga una dimensión que va mucho más allá de la arqueología.

Las dos campañas anteriores enseñaron dónde no estaban. La tercera comienza ahora precisamente en el punto que durante años quedó pendiente: la tierra y los sedimentos del propio Cortasogas.

Este lunes han vuelto allí arqueólogos, familiares y representantes de la asociación. También Julia Olivas, Víctor Ruiz y Antonio Maestro. No para reconstruir simbólicamente una historia que ya está documentada, sino para intentar resolver lo que todavía falta.

Encontrar a quienes fueron asesinados, recuperar sus restos y permitir que, noventa años después, sus familias puedan finalmente enterrarlos donde ellas decidan.