Fuente: www.dukvitv.com
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El campo de la zona de Ribota se convirtió ayer en el escenario de una jornada de reivindicación y realidad agraria. Un grupo de agricultores locales invitó al diputado en el Congreso, Víctor Ruiz de Diego (PSOE), a recorrer diversas explotaciones en los municipios de Cervera de la Cañada y Aniñón. El objetivo del encuentro fue mostrar sobre el terreno la gravedad de los daños causados por la sobrepoblación de conejos, una amenaza que, pese a su pequeño tamaño, está poniendo en jaque la viabilidad económica de la comarca.
Durante el recorrido, Ruiz de Diego estuvo acompañado por el agricultor local Rubén Palacín, así como por Norrel Robertson y Sharon Wade, responsables de la bodega El Escocés Volante. Los propietarios mostraron de primera mano cómo estos animales, extremadamente prolíficos, están diezmando viñedos y plantaciones de cerezos y olivos. Lo que hace años parecía un problema focalizado en puntos como Calatorao, Épila o Cariñena, se ha extendido ya de forma alarmante por toda la geografía aragonesa, alcanzando niveles críticos en la zona de Calatayud.
Un paisaje de protección y resistencia
A pesar de que las lluvias de invierno y primavera han favorecido un buen estado vegetativo en el monte, los conejos siguen prefiriendo los cultivos. Los agricultores denunciaron ayer que los animales devoran sistemáticamente los brotes tiernos de las vides y llegan a descortezar los troncos de los árboles frutales, provocando daños irreversibles en la planta. La estampa actual del campo refleja esta lucha por la supervivencia: los troncos de los cerezos y olivos aparecen envueltos en plásticos, y las plantas jóvenes están rodeadas de protectores individuales, medidas que suponen un elevado coste extra tanto en materiales como en mano de obra que el agricultor debe asumir en solitario.
La proliferación es tan evidente que, al adentrarse en las zonas agrícolas, resulta sencillo identificar la red de madrigueras que horadan el suelo. Entre las soluciones que se barajaron durante la visita, algunas voces propusieron el uso de hurones como método de control más directo, aunque hasta ahora sigue faltando una estrategia coordinada que resulte verdaderamente eficaz.
La caza y la investigación resultan insuficientes
El sector cinegético también manifestó su impotencia ante la magnitud de la plaga. Los cazadores de la zona aseguran abatir más de 2.000 piezas cada uno durante la temporada que va de octubre a abril, pero reconocieron que estas cifras son «una gota en el océano» y no logran frenar el ritmo de reproducción de la especie. Esta ineficacia de la actividad cinegética como único control ha sido denunciada reiteradamente por PAIDAS (Plataforma Aragonesa Independiente en Defensa de la Agricultura Sostenible), organización que aglutina a agricultores afectados de toda la comunidad. «El problema es que las soluciones no llegan al ritmo que lo hacen los daños en el campo», lamentaron los afectados.
Aunque existen iniciativas científicas en marcha, como el proyecto Gest-Conejo liderado por el CITA(Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón), la realidad es que el impacto inmediato en las explotaciones sigue siendo devastador. El encuentro de ayer con el diputado nacional busca trasladar este sentimiento de urgencia a las instituciones, en un intento de encontrar una respuesta que combine la gestión del territorio y el apoyo económico a un sector que se siente desprotegido ante el avance imparable de la plaga.